2 de diciembre de 2010

Diario de un primer corto

Un reto, una ilusión, un comienzo, una meta, una idea… Estas son muchas de las palabras que definirían el primer paso que das cuando vas a hacer el primer corto de tu vida. Te sientas, pones esa música que tanto te inspira y confías en que, como siempre, te de una idea. Sin embargo, ahora que la necesitas más que nunca, no aparece. Inspiración. Ese don que va ligado a la imaginación de alguien, que no sabes cuándo te va a dar la espalda. Te desesperas porque todo lo que se te pasa por la cabeza no tiene sentido, hasta que, cuando menos lo piensas, aparece. Empiezas a escuchar un tipo de música más concreto que te guie por los entresijos de tu cabeza, de tu imaginación; tejiendo esa idea que vas a hacer realidad; esa idea que ahora imaginas y que en un par de meses estará hecha; esa idea que ahora sólo tú ves y que dentro de un par meses podrá ver todo el mundo…

Ya está el guión hecho y tienes el apoyo de tu equipo para llevarlo a cabo. Empieza la preproducción: desglosar, hacer un plan cutre de trabajo, buscar localizaciones, gente que participe… Se te junta todo y resulta que el primer corto que diriges, te toca protagonizarlo también. No pasa nada. El camino está lleno de piedras, pero confias en llegar a la meta.

Comienza el rodaje: sábado, 12 de la mañana, comienzas a preparar todo, te das cuenta de que te has dejado el storyboard en casa (¡Mierda! ¡Gilipollas!), da igual; todo está en tu cabeza. Complicaciones técnicas de iluminación. Joder, ya es la hora de comer. Llenas tú estomago con una paella y después tu equipo y tú subís al baño: ya está todo preparado. Prevenidos, cámara, acción… Pasan las horas y te das cuenta de que rodar en un baño es bastante más complicado de lo que parecía. Tu 1.90 no te ayuda a meterte en la bañera, tienes que hacer otros planos para que sea más creíble. Son las 20 horas, estás hasta las pelotas de tragar tanta agua y de estar metido en una bañera. Pero, por fin, tras rodar algún que otro sonido para pospo, terminas. Te vas a casa y piensas en lo que te va a tocar rodar dentro de cuatro días: la escena del bar. Tu equipo y tú sois tan inteligentes que os ponéis a rodar a las 6 de la tarde. A las 8 ya casi es de noche. Prácticamente, las 3 horas que habéis estado en el bar no valen de nada. Pero el dueño es majo y os dice: "¡Ey, no os preocupéis! El lunes os abro el bar exclusivamente para vosotros" Ves la luz. Llega el lunes y consigues liar a unas compañeras tuyas de clase para que hagan de figuración. Acción. Los planos salen solos, incluso te da por hacer algún plano capricho. Son las 14.30. Por fin se termina el rodaje del corto.

Comienza la posproducción: pedís cabina de radio para grabar la voz en off y doblar parte del corto. Te toca ponerte al micro e interpretar con la voz. Jodido no, lo siguiente. Pero finalmente tu equipo te da el visto bueno y dices: “Ey, esto va bien”. Llega la hora de editar y, cuando tienes todo en tu poder, comienzas a organizarlo. Y encuentras un problema que te produce un bajonazo: hay planos de una misma escena que tienen distinta luz porque se rodaron en distintos días. Mierda. Mierda. MIERDA. Milagrosamente te pones a trastear con el Sony Vegas y consigues disimularlo, respiras hondo y sigues montando. Los próximos tres días te los pasas en tu cuarto, intentando que todo quede lo mejor posible. Hasta que, por fin, ya lo tienes montado. Coges aire y le das al play, lo ves, lo admiras. Pero no te convence, comienzas a sacarle fallos por todos lados. 

Necesitas la opinión del resto del equipo y de tu gente más cercana. Primero, tu madre; su opinión no cuenta porque para sus ojos todo lo que vas a hacer, va a estar bien y bonito. Entonces con miedo se lo pasas a tu alma gemela creativa para ver su opinión: le gusta, comienzas a creértelo, pero no te lo crees. Se lo enseñas a tus mejores amigos: les gusta y se lo han enseñado a sus respectivos padres. Wow. No quieres creértelo, no lo valoras tanto. Así que decides que tu equipo lo vea delante de ti para ver las impresiones. Se lo pones. Silencio en la biblioteca. Ellas escuchan con los auriculares. Una se acaricia los brazos, creo que le ha dado un escalofrío. Terminan de verlo, te miran, no tiene palabras. Tu sonríes y al segundo te dicen: se me han puesto los pelos de punta. Esto marcha y ya te lo comienzas a creer, sólo tiene que superar dos pruebas, las más importantes: la del público y la profesional.

Y por fin llega el día de la exposición… ya se lo habías enseñado a tu gente más cercana: familia y amigos. Pero temías y estabas nervioso por el visto bueno del público. Para variar, un miembro del equipo no puede asistir porque está enfermo. JODER. El profesor coge todos los DVDs de la clase y comienza a ponerlos de forma aleatoria. Comienzas a ver los trabajos de la gente de tu clase, hay cortos muy buenos y originales. La gente aplaude. Y tú estás nervioso por la reacción de estos cuando vean el proyecto de tu equipo.

De repente, ves que pone un DVD que se titula Grupo 12. Mierda, es el tuyo, llegó la hora, el corazón te comienza a latir a una velocidad que se va triplicando cada vez que pasan los segundos. Le dan al play. Se queda la imagen congelada. Tensión, mucha tensión. Pero finalmente, comienza…

La gente se ríe cuando te ven entrar en una cafetería y cuando oyen la voz de tu compañero que ha participado en el doblaje del corto. No saben si va a ser comedia o thriller. La verdad es que no tenían ni idea de lo que iban a ver… solamente algo de una bañera. Comienza la escena del baño y la voz en off, la gente se pone seria, las risas desaparecen, prestan atención a lo que dice el corto. A media que pasan los segundos el corazón te late con más fuerza, intentas buscar alguna cara, pero no te atreves a mirar… sigues mirando al proyector como el resto de tus compañeros. Sigue avanzando, la gente ya sabe por dónde van los tiros y tú sigues con los cojones de corbata porque no sabes cuál va a ser la impresión final. El corto está llegando al climax, la música que durante tanto tiempo te había inspirado, por fin suena. Estas mostrando a todos tus compañeros lo que habías imaginado hace unos meses en tu puta cabeza. Hay tensión, la gente no habla, no opina. Pasan las escenas a cámara lenta que son el climax, el punto fuerte del corto y después… tranquilidad… todos respiran, pero tú sigues con el corazón en un puño. Notas como tu equipo también está acojonado, esperando a que aparezca el fundido final.

De repente, ves como el personaje al que interpretas se aleja con la chica en ese travelling que habías planeado para el final del corto y oyes: “¿Sabéis por qué?” Silencio, fundido a negro… Oyes unas palabras en un fondo negro que dicen “porque lo he decidido”. Después aparece en un fundido el titulo del corto: Decisión. Y al segundo, tú nombre.

La gente aplaude, silba y grita. Los pelos se te erizan. Notas que el aplauso es sincero y potente. Sigues sin atreverte a mirar, solo comienzas a sonreír. El aplauso sigue prolongándose durante unos segundos más. El corazón te late con más fuerza que antes y un nudo te inunda la garganta. Un tremendo escalofrío te recorre la espalda. Coges aire, respiras. Miras a tus compañeros de equipo y no te dicen nada, sólo te sonríen porque aquí sobran las palabras, los tres pensabais lo mismo: lo hemos conseguido.

Los tres meses de trabajo llegan a su fin; han sido tres meses de trabajo muy duro, le habéis echado muchas horas. Pero, todo el empeño y el esfuerzo, al final es recompensado por esa sensación que no puedes describir, esa sensación que, para mí, es la clave de todo buen director: conseguir enseñar y transmitir al resto del mundo lo que estas imaginando en tu cabeza. Sales de clase, la gente te da la enhorabuena, no tienes ni idea de qué decir, llegas a tu casa y te encuentras en las redes sociales más felicitaciones, pasados tres días, la gente te sigue felicitando. Una de las cosas que más te jode es que todas las felicitaciones vayan a ti y que, al resto del equipo, pocos les hayan dicho un “enhorabuena, chicas”. Te jode, pero no te queda otra que asimilarlo y decirlas, con la mano en el corazón: esto es de todos, da igual de quien haya sido la idea. Tú lo sabes, ellas lo saben. Eso es lo que importa.

Finalmente, cuando estás más relajado y ya tienes la cabeza en frio piensas: si los aplausos de setenta personas generan esta sensación, no me quiero imaginar cómo serán los de setecientas. Has dado un paso importante; un paso que no te ha hecho tropezar, pero que no te puede asegurar que no te caigas con otros pasos que des; un paso que te ha dado una confianza y un subidón de autoestima muy grande; un paso que te ha vuelto a afirmar lo que te llevas diciendo durante los últimos cinco años: he nacido para esto.

5 comentarios:

  1. oooooo Manuel!!!! Esta genial. Y sí,me has sacado un sonrisa!!!! No me acordaba del primer día cuandl te olvidaste el story...jajajaja fue buenísimo y encima está grabado!!! jajaja

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  2. Felicidades a todo el equipo. Aunque la idea original sea tuya sin el trabajo que habéis realizado los cuatro, hubiera sido imposible que esta maravilla hubiese salido hacia delante.

    Eres increíble Bro. Y si, has nacido para esto Sr Director.

    Cámara y Acción

    Te Quiero

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  3. ¡uy! No puedo creer que no haya entrado antes para disfrutar con esta entrada. La sensación y el sentimiento de lo que has conseguido es inimaginable, solo para tí, para tus chicas. Creo que tu éxito, primero es tu infinita imaginación y capacidad creativa, es asumir que esa idea que te brota en tu cabeza se puede plasmar en un guión hasta llegar a visualizarse en una pantalla y segundo tu gran percepción para trabajar con un equipo y conseguir ser una piña, una sola máquina. No puedes imaginar lo feliz que me siento por saber cuánto te llena tu trabajo.
    Eres muy grande y si, a lo largo de tu vida, el equipo humano no te falla, llegarás a tocar las estrellas y espero estár cerca para escuchar los vítores y aplausos de miles de personas. TQ!!!!

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  4. Algún proyecto en mente??

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  5. Hola! Pues ahora estoy con el guión de dos cortos. Con uno de ellos empezaremos en breves la preproducción :)

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