8 de julio de 2010

El fuego de Kahiak

El joven Kahiak permanecía sentado en su roca habitual, arropado por el fuego de la hoguera que había encendido su tía Nora. La inocencia que poseía el chaval era la causa de la fascinación que sentía hacia las llamas del fuego que bailaban y alimentaban su imaginación, soñando que algún día podría ser el creador de esa increíble obra de la naturaleza y de la vida. Kahiak señalaba impresionado las chispas que salían de la hoguera y su tía Nora le refugiaba con todo el cariño del mundo, ya que el joven y audaz crío se podía quemar y hacer daño con aquello que deseaba manejar. “Es bonito, ¿verdad, tía Nora?” le preguntaba el pequeño a su madrina. Ella le sonreía y le abrazaba, consciente de que algún día se iría con el resto de los jóvenes del pueblo para alcanzar su meta y convertirse así en un hombre para que protegiera la aldea.

A medida que pasaba el tiempo y los años, Kahiak se hacía mayor y su fascinación por el fuego seguía muy viva en él, así como la felicidad que le transmitía a su tía Nora quien, en lo más profundo de su corazón, rezaba para que jamás emprendiera ese viaje de madurez.

Cierto día, Nora se despertó temprano y observó cómo algunos niños de la generación de Kahiak abandonaban la aldea para emprender su viaje y no pasaron más de dos solsticios hasta que su ahijado partiera hacia su propio camino. “No te preocupes tía Nora” la dijo “en cuanto menos te lo esperes, estaré aquí de nuevo”. El joven Kahiak partió y su tía Nora se quedó triste y asustada por el futuro de su pequeñajo.

Pasaron muchos solsticios y varias noches de invierno hasta que el joven volvió. Y cuando Nora le vio aparecer, se asombró al ver en el joven tan fuerte en el que se había convertido, con unos rasgos maduros acompañados de una voz y gestos potentes. La mujer se abalanzó al joven para abrazarle y este respondió frio y cuerdo, pero devolviéndole el abrazo. Nora se asustó al sentir que su pequeño Kahiak ya no era el mismo al que dejó marchar.

El joven Kahiak ya no pasaba tanto tiempo con su tía Nora, acompañándola en la hoguera que antaño solían hacer todas las noches. Incluso había días enteros en los que no le veía. Sin embargo, una de las noches en las que se encontraban juntos, Kahiak vio a su tía triste “¿Qué te ocurre, tía Nora?” la preguntó con una voz grave y potente. Nora suspiro y le dijo “Siento tristeza porque ya no te fascinan cómo bailan las llamas del fuego”. Tras esto, el joven Kahiak, cogió un puñado de ramas, los puso en forma de hoguera cerca de su tía Nora y, con dos piedras, hizo saltar dos chispas que generaron una pequeña fogata. Nora, miró a su joven sobrino asombrada y sin palabras. Kahiak, tras ver la impresión de su querida tía, la dijo “Sigo enamorado de cómo baila el fuego, más de lo que crees; sigo fascinado del movimiento de las llamas; pero, lo que verdaderamente me fascinan, es el fuego que he creado yo. Bajo este cuerpo, sigue ese niño que pasaba contigo todas las noches observando el fuego, pero ahora no hace falta que me adviertas de las chispas que suelta, pues soy perfectamente consciente del daño que me pueden causar. Tu Kahiak no se ha perdido en el viaje, tu Kahiak se arropa y esconde bajo esta coraza que le protege de las chispas del fuego. Y esto es lo que le hace, precisamente, sobrevivir”. Nora le miró asombrada y fascinada por las palabras que le había dicho su sobrino. Con una leve sonrisa y un suspiro de alivio, observó como la hoguera que había encendido Kahiak, crecía poco a poco…

“Jamás se ha ido Walt Disney, sólo está refugiado bajo esta coraza para que, en los momentos de calma, pueda salir y jugar sin problemas”

2 comentarios:

  1. Me ha encantado, tanto que era incapaz de expresar en un simple comentario......
    Mi última entrada va por tí.
    TQ!

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  2. Creo que esas noches de fuego las llevamos los dos dentro y no me hace falta nada mas. Sabes que te quiero

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