27 de mayo de 2011

Lágrimas del Sol

Llueve. Lo único que me despierta y me hace volver a la realidad es el sonido del trueno que retumba por toda la ciudad, una ciudad llena de almas vagantes que carecen de sentido de la vida porque lo único que hacen es pasar inadvertidos por este mundo. Las gotas de lluvia provocan que mi pelo comience a empaparse y a chorrear, originándose pequeños ríos de agua sobre mi cara. No me inmuto. Simplemente observo… Observo como las personas se mueven por la calle, convirtiéndose en la sangre de la ciudad. Las calles son como perfectos vasos sanguíneos a través de los cuales se mueve toda esta gente monótona; gente que, al igual que la sangre, siempre hacen el mismo recorrido: ir al trabajo y luego a su casa. Todos los días. Y yo me pregunto, ¿son felices? Mírales sus caras. La vista no la llevan al frente, la dirigen hacia sus pies. No hacen más que mirar hacia abajo. ¿Por qué? No lo sé. Creo que todas estas personas han dejado de ser humanos para convertirse, únicamente, en seres. Seres que van deambulando sin motivación, de forma monótona, sin objetivos…

Pero más lástima me dan aún los ingenuos que creen que van a llegar a algo con esa actitud. ¿Sabéis por qué? Porque tienen esperanza, y la esperanza es una de las mayores armas, uno de los mayores ases en la manga que puede tener una persona… ¡Tienen esperanza y no hacen nada! Irónico, ¿verdad? Es como el que sabe que está enfermo y decide esperar a que alguien le cure. ¡Sal y busca! ¡Lucha! ¡No te rindas! Pero no… ellos lo único que hacen es esperar a que llegue el día en el que dejarán de hacer ese monótono recorrido de su vida. Sueñan con eso, pero son una pieza más en esta cadena de fracasados porque no luchan por ese sueño.

Así es la mayoría de la gente de esta ciudad. Seres vagantes y errantes que lo único que hacen es seguir al resto. Los pocos humanos que son como yo, no concebimos cómo la gente puede vivir así. Debería alegrarme por ser especial, pero lo único que siento es lástima… Lástima porque soñar y luchar por ello es una de las cosas más bonitas que hay en esta vida. Y la mayoría de las personas lo desaprovechan. Lo rechazan. Lo olvidan…

Deja de llover. Comienza a salir el Sol tras el llanto de lágrimas que ha dejado. Los rayos, que chocan contra mi rostro, iluminan, de nuevo, toda la calle. Únicamente miramos al cielo y sonreímos cuatro personas; el resto… sigue deambulando por la calle bajo el paraguas.